Por Luis Gil Abinader1

 

Algunas de las medidas tomadas para hacer frente a la actual crisis internacional, afirma el Dr. Héctor Torres, “han desdibujado el límite entre lo estrictamente monetario, lo fiscal y lo comercial y la evaluación de sus consecuencias requiere un análisis sofisticado que reclama una creciente cooperación entre diferentes agencias internacionales.” Torres, abogado argentino de amplia trayectoria en organismos internacionales como la OMC y el FMI, fue entrevistado por la Cátedra OMC precisamente acerca de la cooperación internacional y el impacto de la crisis sobre el empleo.

 

1. Conforme a los indicadores económicos mundiales, la economía global se encuentra en una trayectoria de recuperación a “dos velocidades”. ¿Qué significa esto y cómo impacta las tasas de empleo mundial?

 

Efectivamente los países llamados “desarrollados” tienen tasas de crecimiento muy bajas, mientras que los llamados países “en desarrollo” tienen tasas de crecimiento promedio mucho más altas. Entre el 2005 y el 2010 el producto de los países en desarrollo aumentó en un 45%, mientras que las economías avanzadas aumentaron su producto en sólo un 5%. Este año el crecimiento proyectado para el grupo de países en desarrollo es 3 veces superior al de las economías avanzadas y mientras el producto en países como los Estados Unidos está todavía por debajo del nivel que tenía a fines del 2007, en las economías en desarrollo ya supera ese nivel en un 20%. Ahora bien, el grupo de los llamados “países en desarrollo” es crecientemente dispar e incluye grandes “economías emergentes” como los “BRICs” (Brasil, Rusia, China y la India), donde se concentra la mayor parte del crecimiento económico mundial.

 

Más allá del producto, la brecha macroeconómica entre las economías avanzadas y las grandes economías emergentes se está desdibujando en forma acelerada. Por ejemplo, a fines del 2007, cuando la seriedad de la crisis ya era evidente, el ingreso per cápita en los EE.UU era un 4% superior al actual. Esto contrasta con lo que sucede en las dos principales economías emergentes, China e India. En China el ingreso per cápita actual es ya un 35% superior al de fines del 2007, mientras que en India es un 22% superior.

 

En la misma línea, otros indicadores también dan cuenta de esta situación. Por ejemplo, el déficit fiscal promedio de las economías avanzadas en el 2010 fue del 7,75% (con algunos países, como Estados Unidos, muy por encima de ese promedio), mientras que el déficit promedio en las economías en desarrollo fue sólo del 3.8%. La relación deuda/producto en las economías avanzadas es actualmente de casi un 100% y se proyecta que la deuda representará el 110% del producto en el 2016. Para esa misma fecha, la relación deuda producto (promedio) en las economías en desarrollo será de apenas el 30%.

 

Esto nos da un cuadro de la economía mundial totalmente diferente al tradicional “Norte-Sur”, donde el Norte es rico y el Sur pobre. Las consecuencias sobre el comercio y el empleo son múltiples.

 

El mayor crecimiento en los países en desarrollo junto a tasas de interés reales negativas o neutras en los países con economías avanzadas, generan una fuerte atracción de capitales hacia las economías del “Sur”. Esto, que en principio podría ser visto como positivo tiene, sin embargo, sus problemas.

 

Se crece tres veces más rápido, pero la inflación es también tres veces superior a las de las economías avanzadas. Para combatirla, varios países han tenido que aumentar sus tasas de interés, lo que ha generado aún mayores entradas de capitales de corto plazo y una importante apreciación de su tipo de cambio. Este es el caso de varias economías de la región y muy notablemente el de Brasil.

 

Como no todos los países con economías emergentes y atractivas tienen la misma capacidad de regular estas entradas de capital (hay economías más abiertas que otras), ni todos gozan de los mismos términos de intercambio (algunos exportan productos básicos que han recuperado sus altos precios previos a la crisis), hay monedas que se han apreciado bastante más que otras. Estas asimetrías generan pérdidas de competitividad, tensiones comerciales y pedidos de protección, particularmente por los productores de bienes transables mano de obra intensivos. Es muy difícil mantener asimetrías en una economía global integrada.

 

2. El desempleo tiende a generar discursos nacionalistas en los sectores políticos. ¿Puede esta tendencia derivar en medidas proteccionistas, de mayor o menor intensidad? ¿Cómo puede afectar tales medidas la recuperación mundial?

 

De acuerdo a la OIT hay 210 millones de desempleados en el mundo; el nivel más alto del que se tenga registro. El problema es particularmente agudo en las economías avanzadas. El promedio de desempleo en los países de la OECD es del 8.6%, pero esto esconde variaciones muy importantes. El desempleo promedio en la Unión Europea y el desempleo en los EE.UU es similar. Esto es un fenómeno económico con consecuencias políticas muy relevantes. EE.UU. tuvo tradicionalmente tasas de desempleo muy inferiores a las europeas, pero hoy experimenta un “Euro-desempleo”, aunque sin una red de contención social semejante (pese a que la actual Administración elevó el período de seguro de desempleo a 99 semanas). El problema es muy serio. Hay aproximadamente 15 millones de desempleados y un 45% de estos ha estado buscando trabajo por más de 26 semanas. Estas personas empiezan a desanimarse y las consecuencias políticas no son difíciles de imaginar.

 

¿Puede esto alimentar presiones proteccionistas? Según el propio Departamento de Comercio de los EE.UU., las grandes corporaciones multinacionales norteamericanas, que normalmente emplean a un 20% de la fuerza laboral de ese país, en el período 2000-2010 redujeron su plantilla de empleados en los Estados Unidos en 2.9 millones, a la vez que crearon 2.4 millones de nuevos empleos en el resto del mundo.

 

La combinación de un alto desempleo, con un crecimiento económico débil y gobiernos que necesitan reducir el gasto público, es una mezcla peligrosa. Las cadenas de valor internacionales hacen que sea muy difícil reducir importaciones sin afectar el empleo y las exportaciones. Sin embargo, cuando alguien pierde su empleo y tiene dificultades en conseguir otro, es casi natural que vea al comercio internacional como un juego en el cual se “gana” cuando se exporta y se “pierde” cuando se importa. Por ello, es indispensable promover la coherencia en la formulación de las políticas macroeconómicas a nivel mundial.

 

3. ¿Cuál sería el rol de la OMC en el escenario anterior?


La OMC es una organización celosamente manejada por sus propios países miembros, por lo que mi opinión es estrictamente personal. La OMC tiene por mandato contribuir a lograr una mayor coherencia en la formulación de políticas económicas a escala mundial. Naturalmente esto es más fácil de decir que de hacer.

 

Cuando la gravedad de la crisis económica se hizo palpable, todos los países corrieron a implementar políticas para apuntalar la demanda y el empleo. El peligro era tan evidente y compartido, que la coordinación de políticas monetarias y fiscales fue relativamente “fácil”. Todo el mundo hizo más o menos lo mismo: se bajaron las tasas de interés, se aumentó la oferta de dinero y también el gasto.

 

La crisis aún no ha pasado. Los pasivos privados no desaparecieron; los absorbieron los gobiernos y no es por casualidad que hoy el mayor factor desestabilizante es el riesgo de default soberano.

 

Sin embargo, no todas las economías están afectadas de forma semejante y por ello la tarea de promover la coordinación y coherencia de respuestas es más complicada hoy que en el 2008.

 

De “todos” los paquetes de estímulo que nos quedan (?), el único sin costo fiscal es el de concluir satisfactoriamente la Ronda de Doha. Por eso la OMC no puede abandonar este objetivo. En mi opinión, este no es el momento de bajar los brazos y enviar a los negociadores de regreso a sus países para que “cada uno se ocupe de su juego”.

 

Más allá de sus esfuerzos por concluir la Ronda de Doha, desde fines del 2008 la OMC ha iniciado un proceso de revisión multilateral de las medidas comerciales que toman sus miembros (o de medidas de otra naturaleza pero con efecto sobre el comercio). Este es un ejercicio delicado, ya que pone en blanco sobre negro todas las medidas de las que tenemos conocimiento, tanto las que restringen el comercio, como las que lo favorecen. Ese listado (que viene acompañado de un análisis de la situación económica mundial) no tiene un valor jurídico, ni prejuzga sobre la consistencia de esas medidas con las obligaciones de los países miembros, pero ofrece un espacio de revisión entre pares. Además de la transparencia, durante su consideración hay preguntas, respuestas, explicaciones y también reclamos. Esto refuerza el sentido de grupo, la percepción de estar todos sobre un mismo barco. A su vez, la OMC asiste al G-20 con su “expertise” en materia de comercio y utiliza todas las oportunidades que le brinda su extenso programa de cooperación técnica para promover la coherencia de las políticas comerciales de sus miembros.

 

4. Usted ha identificado espacios de cooperación, entre, por ejemplo, la OMC y el FMI, para aumentar la coherencia de la política económica global. ¿Cuáles organismos internacionales pueden aunar esfuerzos para optimizar la respuesta mundial ante la crisis de desempleo, y cómo?


Algunas de las medidas tomadas para hacer frente a la crisis no son fácilmente catalogables como “monetarias” o “fiscales” o “comerciales”. Por ejemplo, si un Banco Central le ofrece dinero a un banco y le acepta como colateral una obligación emitida por una empresa a la que le concede un valor superior al del mercado, esta medida tiene a la vez un componente monetario (inyección de liquidez a través del aumento del crédito), uno fiscal (transferencia de dinero público hacia una empresa del sector privado) y también uno comercial (si la medida es consistente con la definición se subsidios de la OMC). Este tipo de medidas han desdibujado el límite entre lo estrictamente monetario, lo fiscal y lo comercial y la evaluación de sus consecuencias requiere un análisis sofisticado que reclama una creciente cooperación entre diferentes agencias internacionales.

 

5. ¿Puede la actual crisis mundial menguar los avances en la Ronda de Doha?


La situación económica internacional aumenta la resistencia que encuentran los gobiernos para facilitar una mayor competencia en los mercados nacionales, pero también hace cada vez más necesario asegurar la cooperación internacional, incluyendo, por supuesto, lo que hace a la liberalización del comercio.

 

Las economías avanzadas necesitan reducir sus niveles de endeudamiento. Para reducir sus niveles de deuda sin que ello genere un riesgo de recesión económica a nivel mundial, es necesario que los países en desarrollo puedan sostener la demanda agregada mundial. Esto sólo se puede hacer manteniendo los canales comerciales abiertos y resistiendo las presiones proteccionistas.

 

6. Una eventual conclusión de la Ronda de Doha, ¿estimularía la demanda agregada mundial y la creación de empleos?


Concluir satisfactoriamente la Ronda de Doha, además de representar nuevas oportunidades comerciales y reglas más amigables con el ambiente en temas tan sensibles como la pesca, demostraría que el mundo es capaz de cooperar. En una situación como la actual esto no debería subestimarse.

 

1Abogado, estudiante del 1º año de la Maestría en Propiedad Intelectual de la FLACSO – Argentina