El Embajador Roberto Carvalho de Azevêdo ingresó al servicio exterior brasileño en 1984. Del 2006 al 2008 se desempeñó como Viceministro de Asuntos Económicos y Tecnológicos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de su país. Además, fue el negociador principal del Brasil en la Ronda de Doha y supervisó las negociaciones comerciales del MERCOSUR con otros grupos o países no latinoamericanos. En sus funciones como Representante Permanente del Brasil ante la OMC y otros organismos internacionales con sede en Ginebra, posición que ocupa desde el 2008, ha sido el jefe del equipo litigante del Brasil en numerosas diferencias dirimidas en la OMC.

 

La Cátedra OMC FLACSO tuvo ocasión de entrevistarlo en vistas a su candidatura a la Dirección General de la OMC.

1. ¿Cuáles son, a su criterio, los principales desafíos del comercio internacional?

 

Hoy el principal desafío del comercio internacional es la imprevisibilidad macroeconómica y regulatoria. En un pasado no muy lejano, las transacciones sólo ocurrían si eran mutuamente beneficiosas, debido a los altos costos del transporte, a la falta de información o simplemente a la inexistencia de medios tecnológicos para completarlas – piense en los servicios médicos prestados alrededor del mundo a través de Internet. Estos obstáculos no existen más o afectan muy poco las transacciones comerciales.

No hay mucho que la OMC pueda hacer respecto de la turbulencia macroeconómica que ha sacudido a la economía mundial en los últimos años. La crisis de 2008 alcanzó las esferas bancaria, financiera, fiscal y monetaria – áreas que afectan severamente el comercio internacional, pero que son reguladas por otros organismos internacionales (o sencillamente no son reguladas). Al respecto, el principal aporte que la OMC puede hacer –y ha hecho– es evitar que sus Miembros introduzcan políticas comerciales del tipo “empobrezca a su vecino”, como las que agravaron la Gran Depresión de la década de 1930.

No obstante, con relación a la incertidumbre regulatoria, la OMC tiene un gran papel para desempeñar. Las disciplinas de la Organización constituyen un valioso patrimonio, resultado de casi cincuenta años de constantes negociaciones exitosas, desde la creación del GATT, en 1947, hasta el Acuerdo de Marrakech, en 1994. Preservar y perfeccionar este patrimonio son desafíos que la OMC y sus Miembros deben enfrentar y vencer todos los días.

Además, la OMC es el único organismo que tiene alcance y legitimidad para negociar nuevas reglas comerciales que unan a sus 159 Miembros. Se necesitan nuevas reglas de cara a los cambios globales. Una estructura regulatoria que no esté en sintonía con la realidad puede eventualmente volverse obsoleta e ineficaz.

El año que viene celebraremos el vigésimo aniversario del Acuerdo de Marrakech, que concluyó la Ronda Uruguay. Desde entonces, no se firmó ningún acuerdo multilateral. Esta situación debe cambiar – cuanto antes.

 

2. ¿Cuáles serían los ejes o prioridades de su mandato, si llegara a ser Director General de la OMC?

 

Mi prioridad número uno será ayudar a los Miembros de la OMC a restablecer la confianza entre ellos y en la Organización, para que el pilar negociador se revitalice. Esto no será fácil, pero estoy convencido de que hay voluntad. También creo que sólo tendremos éxito si elegimos cuidadosamente nuestros pasos.

En primer lugar, debemos identificar rápidamente temas que puedan ratificarse en la IX Conferencia Ministerial en Bali, en diciembre. Lograr una serie de resultados será esencial para convencernos de que somos capaces de negociar y tener éxito. En segundo lugar, e inmediatamente después de Bali, debemos concentrar nuestros esfuerzos en los principales temas que impidieron el desarrollo de las negociaciones de Doha. Buscar alternativas para acuerdos menores, al margen de la agenda, no nos llevó a ningún lugar.

La confianza entre todos los participantes es fundamental para el éxito en este proceso. También debemos estar de acuerdo con el hecho de que nuestros sueños más grandes no se harán realidad; debemos buscar un terreno común sobre la base de lo plausible, y no de lo ideal.

 

3. ¿Cómo ve usted la agenda de la OMC respecto de temas nuevos, como el cambio climático, por ejemplo?

 

Hay diversos temas –nuevos y relativamente nuevos– claramente relacionados con la política comercial, que la OMC tendrá que tratar de un modo o de otro. Si los Miembros optan por no discutir ni negociar disciplinas para dichos temas –una elección totalmente legítima–, serán llevados al sistema de solución de controversias. Algunos ya han ido.

Les corresponde a los Miembros decidir los temas que serán tratados. El Director General no define la agenda, sino que juega el importante papel de facilitador en las discusiones.

Con esto, queda claro que algunos temas no se resolverán rápidamente, y es de esperarse que los Miembros decidan negociar reglas y su relación con el comercio. Estos temas están intrínsecamente relacionados con algunas tendencias, como modelos de consumo, demografía, limitaciones tecnológicas y oportunidades. El cambio climático es sólo otro ejemplo.

 

4. En lo que refiere a la dinámica institucional de la OMC, ¿usted cree que deba pasar por alguna reforma?

 

La OMC no precisa necesariamente de cambios institucionales formalizados. Al contrario de otras organizaciones internacionales, en las que relaciones asimétricas de poder se consolidaron por certámenes internos, la OMC tiene un proceso decisorio basado en el consenso.

El principal problema de las negociaciones no radica en el proceso decisorio en sí mismo, sino en la naturaleza de dicho proceso. Si es más inclusivo y transparente, es decir, si los Miembros consideran que fueron eficientes al presentar las propuestas, la tendencia natural es que este proceso los ayude a alcanzar los resultados deseados.

Esto no significa que cada Miembro pueda valerse de este poder para impedir el avance, sino sencillamente que un proceso decisorio más inclusivo en la OMC no demanda cambios en la legislación.

Los Miembros tratarán de dialogar de la manera que les sea eficaz y conveniente. No le corresponde al Director General prever cómo se dará el diálogo, sino, en cambio, incentivar una mayor participación de todas las delegaciones en el proceso decisorio, en pro de la legitimidad de las decisiones y, finalmente, de la fuerza del sistema multilateral de comercio.

 

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1. Which are, in your opinion, the main challenges of international trade?

 

The biggest challenges for international trade today are macroeconomic and regulatory unpredictability. In a not so distant past, otherwise mutually beneficial transactions would not take place because of high transportation costs, lack of information or simply inexistence of technological means to conclude it – think of medical services provided across from the globe through the internet. These impediments no longer exist or affect trade very marginally.

There is not much the WTO can do about the macroeconomic turbulence that has plagued the world economy for the last few years. The crises that erupted since 2008 related to banking, finance, fiscal policy and monetary policy – areas that severely affect international trade but that are regulated in other international fora (or not regulated at all). In this connection, the major contribution the WTO can make – and has been making – is to constrain its Members from implementing “beggar-thy-neighbor” trade policies, such as those that aggravated the Great Depression in the 1930s.

In terms of regulatory uncertainty, however, the WTO has a very big role to play. The existing disciplines of the WTO constitute a valuable heritage resulting from almost fifty years of successive successful negotiations, from the founding of the GATT in 1947 to the Marrakesh Agreement in 1994. Preserving and perfecting this heritage is in itself a challenge that must be faced and won every day, by the WTO and its Members.

In addition, the WTO is the only forum that has the scope and the legitimacy to negotiate new trade rules that bind its 159 Members. New rules are necessary because the world changes. A regulatory framework not in sync with the underlying reality ultimately becomes obsolete and ineffective.

Next year we will celebrate the twentieth anniversary of the Marrakesh Agreement that concluded the Uruguay Round. Since then, no new multilateral agreement has been achieved. It has to change – and sooner rather than later.

 

2. Which ones would be the priorities of your mandates if you are elected Director-General of the WTO?

 

My number one priority would be to help the Members of the WTO restore confidence among themselves, and in the Organization, so as to put the negotiating pillar back on track. This will not be easy, but I am convinced that the willingness to do it is there. I am also convinced that we will only succeed if we choose our steps very carefully.

First, we must quickly identify the issues that can be agreed upon in the IX Ministerial Conference in Bali, next December. Agreeing on a set of outcomes will be essential to convince ourselves that we are capable of negotiating and delivering. Second, and immediately after Bali, we must focus our efforts on the critical issues that have blocked the Doha negotiations from going forward. Exploring alternatives for minor agreements in the periphery of the agenda has led us nowhere.

Trust among all involved in this process is a fundamental ingredient for its success. It is also necessary that we all agree that our best dreams will not come true; we must seek common ground on the basis of what is doable rather than ideal.

 

3. How do you envisage the agenda of the WTO in regards to new topics, such as climate change?

 

There are several new – and not-so-new – issues clearly intersecting with trade policy that the WTO will have to deal with one way or the other. If Members choose not to discuss and negotiate disciplines about them – and this is an entirely legitimate choice – these issues will be brought to the dispute settlement system. Some already have.

It is up for Members to decide what topics they want to talk about. The Director-General does not set the agenda, but rather has the important function of facilitating the discussions among the Members.

That said, it is clear that some subjects are not going away anytime soon and it will be only natural if Members decide to negotiate rules about their relationship with trade. These subjects are hard-wired in deep-rooted trends, such as consumption patterns, demography, technological limitations and opportunities. Climate change is just one such issue.

 

4. In regard to the institutional dynamic of the WTO, do you feel that any of its aspects should be reform?

 

The WTO is not necessarily in need of formal institutional changes. Unlike other international organizations, where asymmetrical power configurations have been crystallized in institutional arrangements, the WTO has a consensus-based decision-making process.

The major problem with the negotiations is not in the decision-making process, but in its substance. If the process is more inclusive and transparent, i.e., the Members feel that they have effectively participated in the making of the proposals, there is a natural tendency that this process will end up helping to reach desired outcomes rather than to prevent them.

This is not to say that every Member is in a position to wield the power to obstruct progress, but simply that a more inclusive decision-making process in the WTO does not require legal changes.

Members will talk among themselves in the formats they deem effective and convenient. It is not the Director-General’s role to second-guess these choices. It is the Director-General’s role, however, to encourage greater participation by all delegations in the decision-making process, for the sake of the legitimacy of those decisions and, ultimately, of the strength of the multilateral trading system.

 

 

*Las respuestas fueron provistas tanto en español como en inglés. The answers were provided both in Spanish and English.

Foto cortesía de la OMC/Studio Casagrande.