Por Patricia Ferrante*

John Willinsky (Canadá,1950) es profesor en la Escuela de Educación de la Universidad de Stanford (EE.UU.). Fue maestro de escuela y es considerado una referencia en el campo de la sociología de la Educación. Sin embargo, desde fines de los años 90, Willinsky se ha metido de lleno en los dilemas de la propiedad intelectual con una preocupación inicial: ampliar el acceso a las publicaciones científicas y académicas y fomentar la creación de publicaciones que colaboren con la difusión de distintas voces en todo el globo. Así nació el Public Knowledge Project (PKP), una iniciativa dedicada a mejorar la calidad pública y académica de la investigación que ya alberga a más de 7 mil journals de todo el mundo.

Invitado por la FLACSO, participó en el panel de educación del Seminario Internacional “El desarrollo del Siglo XXI en Latinoamérica – Creando nuevas opciones en el mundo de la interdependencia”. En esta conversación, Willinsky da cuenta de su mirada sobre la propiedad intelectual, sus vínculos con la educación, lo público y lo privado, la economía mixta y los posibles cursos de acción para un acceso al conocimiento más democrático.

Su carrera siempre estuvo vinculada a la educación y a la sociología educativa y en determinado momento “aterrizó” en el campo de los estudios de propiedad intelectual. ¿Cómo fue ese acercamiento?

Creo que la conexión entre educación y propiedad intelectual es muy importante. El derecho de propiedad intelectual es muy importante para la educación por los libros de texto y por la cuestión del acceso al conocimiento. Hay un costado en el que las leyes de propiedad intelectual han impedido la educación. Pero si lo miramos más de cerca, vemos que es un concepto muy importante para pensar la educación. Cuando hablamos de propiedad intelectual, significa también que las ideas tienen valor de propiedad y el valor de propiedad es algo que queremos reconocer pero no lo hacemos. La idea de que los alumnos están aprendiendo algo de valor es algo dado, y eso también es propiedad intelectual.

La conexión entre la educación con la propiedad intelectual de forma positiva implica tomar conceptos y darlos vuelta. En mi caso, comenzó con el trabajo con docentes, pidiéndoles que se interesen por este conocimiento y después descubrir que no podían tener acceso a materiales que hablen de la propiedad intelectual a menos que fuesen estudiantes. Entonces, comenzamos con la pregunta de por qué los Journals no estaban disponibles, y cómo volverlos disponibles se volvió un asunto de propiedad intelectual. A partir de entonces se me volvió un tema tan central que no informar y enseñar a los niños sobre la propiedad intelectual y la economía me pareció una forma de robo. También porque tenemos que preguntarnos acerca de cómo estamos preparando a los jóvenes para esta economía – tanto desde el punto de vista de lo público como desde el punto de vista propietario-comercial.

Desde un punto de vista corporativo, por ejemplo desde las farmacéuticas o desde las compañías de semillas, la propiedad intelectual trata de proteger el lucro. Pero desde otro punto de vista se trata de proteger al creador de la idea, de alentar el conocimiento. Entonces toda la base del copyright y de otros derechos de propiedad intelectual, tiene dos partes: la pública – si no hubiese una parte pública la propiedad sería para siempre, como ocurre con la tierra- y el creador, el que originó la idea. Si tomamos estas dos ideas juntas de respeto por el público y respeto por el creador, es perfecto para la educación, y no es necesariamente comercial.

Hoy en día, los derechos de propiedad intelectual son en muchos casos los blancos de críticas de todo tipo: que impiden la libre expresión, que criminalizan a los usuarios, que limitan el desarrollo de la cultura digital…. ¿Cuál es su postura?

Yo creo que tiene dos lados. El software de código abierto es un gran ejemplo. No es un 50% – 50% pero es una economía mixta. Si IBM está haciendo todo su software propietario en código abierto, igual que Sun Microsystems y Google – no lo está haciendo Microsoft -, de modo que hay una economía mixta alrededor de la propiedad intelectual. En estos debates, con frecuencia se me acusa de ser demasiado suave o no demasiado categórico, pero no es totalmente claro que la propiedad intelectual sea comercial en todas las instancias.

Hace no mucho años, la propiedad intelectual se limitaba al campo de lo legal y al terreno de las corporaciones de medios o productoras de contenidos, farmacéuticas y otras empresas de uso intensivo del conocimiento. Hoy se ha convertido en un problema central en la construcción de la cultura digital. ¿Cómo nos referimos entonces a la propiedad intelectual, qué tipo de actualización conceptual hace falta para que el tema esté al alcance de todos? ¿Cómo se explican a estos temas a todos los que hoy están creando, que muchas veces es todo aquel que tenga una computadora y cuente su vida, suba videos, produzca contenidos?

La cultura digital es mayormente ignorada en las escuelas, desafortunadamente. Los chicos crean y “roban”, descargan, toman prestado, comparten sin prestar atención a lo que están haciendo….rompen lo sellos, ignoran las advertencias, se ríen de las advertencias que tienen los videos y hay una pérdida en todo esto; lo que se pierde es el sentido de la contribución de cada uno de los alumnos, el valor de sus contribuciones. La idea de que la propiedad intelectual es una forma de pensar en el conocimiento y puede ser propietaria, no tiene que ser dogmáticamente nunca comercializada, invita a compartir el valor de las ideas.

El otro tema que me gusta trabajar es sobre la noción de propiedad. La propiedad es una cualidad, una característica. La propiedad de aprendizaje es que sabés cosas, es que ganás ideas adicionales. Yo le saco el énfasis a la propiedad y lo pongo en “intelectual” y tomo a la propiedad como propiedades, como cualidades del aprendizaje que son importantes.

¿Cree que esta economía de la información y el conocimiento es realmente más democrática en cuanto a quien produce, quién y cómo accede?

Hay una aspiración, un impulso democrático y eso es la participación, el derecho a criticar y a saber. Pero comienza con la idea de que el acceso es importante, si no tenés una plataforma, si no tenés acceso a Internet… esto es un asunto de derechos humanos, el derecho a saber. Pero saber no es suficiente, tenés que tener derecho a contribuir.

La cultura digital nos pone a todos en situación de consumidores y de potenciales productores y esto representa un cambio radical. En este sentido, ¿qué cambios detecta en la universidad?

Voy a hablar del caso del Public Knowledge Project para responder.

PKP se focaliza en la universidad y el principio es que el conocimiento que se produce en las universidades debe ser público. Ese es el punto de partida y la misión principal del proyecto es “sacar afuera” al conocimiento. En las universidades, el aspecto que es al a vez alentador y frustrante es que siempre se están haciendo declaraciones sobre el bien común, aún cuando se patenten invenciones y los profesores graben sus datos, y sean muy competitivos acerca de la cantidad de publicaciones que tienen. Las ideas están ahí para ser compartidas, como están los comunes y el bien y necesitamos convencer a la gente sobre un punto de vista moral para avanzar. Por un lado podés conseguir una beca o fondos de investigación diciendo que vas a contribuir al bien común y eso es inconsistente con el hecho de conservar los datos para uno y no darlos a conocer. Por eso insisto en que hay que formar a todos los alumnos sobre los diferentes aspectos de la propiedad intelectual, la lógica de bien común que la envuelve, el compromiso ético que implica.

¿Cómo fue el desarrollo de PKP?

Comenzó, como dije antes, a partir de la frustración que me produjo trabajar con maestras y no poder compartir con ellas algunas investigaciones académicas porque no tenían acceso. Pedí dinero para una investigación, arranqué por el lado de las ideas pero me di cuenta que hacían falta herramientas, de modo que tomé el dinero para construir herramientas que permitieran acceder a investigaciones académicas y journals con un sistema de código abierto y el hecho de construir las herramientas hizo una diferencia enorme.

Viajé a diversas universidades en el año 2003 presentando la propuesta, el sistema en ese entonces era muy muy simple y la gente mucho no se interesó. Hoy hay 2250 journals de acceso libre en Latinoamérica en el PKP. Hicimos una herramienta simple que funciona bien, la pusimos a disposición del público sin costo y dejamos que la gente la use como quiera: pueden cobrar por la descarga de sus journals, pueden publicarlos gratis, pueden publicar con la frecuencia que quieran o que puedan… Y el secreto fue no pedir a los gritos a la gente que haga gratuitas sus publicaciones, si no decir, aquí hay una herramienta, hagan lo que quieran.

Hoy hay más gente que publica de modo gratuito y estamos en una cuarta o quinta ola de journals, 85% son gratis. La mitad de esos journals son de países en vías de desarrollo y Latinoamérica es la región más fuerte. Y esto está cambiando el campo de juego, está cambiando lo que aparece en Google Scholar: hay cada vez más journals gratuitos en Google Scholar, pero más importante es que hay cada vez más Journals de países en vías de desarrollo. Me parece que es una buena lección sobre la propiedad intelectual: no alcanza con hablar de algo, hay que hacer cosas, hay que lograr que las cosas sucedan. Tenemos que ayudar a que la gente pueda hacer cosas. Es un gran mensaje para los estudiantes que las cosas que uno hace pueden ayudar a otros.

En “La riqueza de las redes”, Yochai Benkler subraya con enorme entusiasmo las potencialidades de la economía de la información en red y destaca su aspecto revolucionario. Discutimos bastante ese libro en Argentina y la principal crítica que aparece es una supuesta ingenuidad, o demasiada esperanza en el buen cambio que aportan las nuevas tecnologías…

Bueno Argentina cambió toda su agricultura en dos años por la soja… ¿Por qué no podemos pensar que las nuevas tecnologías pueden cambiarlo todo? La parte ingenua es pensar que queremos todo o nada. ¿Es un fracaso salvo que todo el mundo haga lo mismo? No. La economía mixta es eso. Yo acepto que las corporaciones no van a ser destruidas y lo que necesitamos son alternativas y opciones fuertes. Creo que pensar así no es ingenuo, y que tenemos pruebas. Hay cerca de 7 mil journals que se publican gratis en un mundo donde hay unos 30 mil journals, eso es una fortaleza. Lo ingenuo sería decir que podemos cambiar todo el mundo o que si no podemos cambiar todo el mundo es mejor no hacer nada.

*Licenciada en Ciencia Política, Magister en Relaciones y Negociaciones Internacionales. Trabaja en FLACSO Argentina en el Programa de Derecho y Bienes Públicos y en el Área Educación.